Camino de Santiago (Día 1)

Camino de Santiago (Día 1)

Día 1. 

Camino de Santiago

Suena el despertador, 7 A.M. Me levanto rápidamente con los nervios naturales de quien va a empezar una aventura. La noche anterior había dejado todo preparado, pero decido hacer un nuevo repaso mental de toso el equipo mientras me preparo el desayuno.

La experiencia de otros viajes me ha guiado a la hora de decidir que material llevar a un viaje en bici. Ya he sufrido en mis carnes el exceso de peso de unas alforjas llenas de material para situaciones peregrinas que una imaginación desbordada puede llegar a elucubrar. Debido a esto, para este viaje decidí apostar por el minimalismo, y abordé la aventura desde la perspectiva del “Bikepacking”.

Mientras remuevo el café y mordisqueo una tostada voy repasando: “Bolsa de Manillar”: Saco de dormir, maillots y culottes de repuesto, dos por cada y resto de ropa de bici, manguitos, perneras, guantes de verano y entre tiempo…”. Todo esto en bolsa impermeable, cualidad indispensable en este tipo de bolsa que está tan expuesta a los elementos. Poco sabía yo lo que iba a necesitar esa estanquidad… los días que vinieron después me lo demostrarían.

Ya he sufrido en mis carnes el exceso de peso de unas alforjas llenas de material para situaciones peregrinas

Una vez que termino del repaso mental me pongo en marcha, compruebo de nuevo que está todo y me pongo en marcha hacia el Bar Restaurante “El Junco”, punto de reunión con Fernando, mi compañero de ruta y hermano de armas, alegrías y penurias de los siguientes 6 días y principal responsable de acometer esta aventura.

Después del abrazo de rigor de dos amigos, comenzamos ya por fin nuestro periplo. 6 días hasta Santiago de Compostela por carreteras de la red secundaria con alguna pista intercalada. Para ello nuestras bicis de Gravel iban calzadas con neumáticos sin tacos y bolsas por todos lados.

Mientras bordeamos el embalse de Manzanares el Real, el castillo se alza como testigo que nuestra velocidad es muy superior a la que tradicionalmente llevaría con las alforjas… ¡Esto del Bikepacking parece que es una buena opción!. De ello vamos conversando Fernando y yo: lo poco que se mueve la bolsa de sillín pese a todo lo que lleva, lo bien pensado que está el diseño de las cinchas de mi bolsa con respecto a la suya que se mueve algo más… ¡Somos dos niños grandes hablando de sus juguetes nuevos!.

Así, entre charla y buen paisaje nos encontramos con la primera de las rampas serias del día, la subida a Navacerrada. Es el momento de saber si el peso que llevo me va a lastrar de verdad y los desarrollos máximos de cambio no se me quedan cortos (llevo un 36 de plato y un 34 de piñón) para las rampas de hasta un 12% que nos esperan en el día de hoy.

¡Esto del Bikepacking parece que es una buena opción!.

Tras el primer “calentón” me ratifico en la elección de este concepto de bici para afrontar este viaje, he subido muy bien y más rápido que con mi bici con alforjas, sobre todo cuando te levantas de la bici, no se generan inercias extrañas con las bolsas.

Coronar el Puerto de Navacerrada se alarga una hora y 10 minutos. Rampas duras y curvas nos han llevado a los 1858 metros de altitud, cota máxima del periplo hacia Santiago. Es momento de prepararnos para la bajada, nos ponemos los manguitos y el chaleco cortaviento para la bajada del puerto. Aquí la temperatura pese al Sol, es de poco más de 12 grados. Ya había previsto esto y había dejado estas prendas en la bolsa grande del triángulo principal. El magnífico diseño en la compartimentación de esta bolsa, me permite el llevar comida para el viaje, recuperador, radios, herramientas y demás junto con prendas de ropa. Sin que se mezclen y sin que se mueva nada si sacas algo de dentro.

Nos lanzamos hacia Segovia. Es una de las zonas más bonitas del viaje, El bosque de Valsaín nos arropa hasta la Granja de San Ildefonso, donde a partir del embalse del Pontón Alto, nos encontraremos con la meseta que no abandonaremos hasta varios días después.

Pasar por Segovia obliga a visitar el Acueducto. Da igual las veces que lo he visto, siempre me impresiona. Abandonamos la ciudad por la carretera que serpentea a los pies del Alcázar. Nos dan sombra hasta el desvío a Zamarramala los arboles que bordean la carretera. Allí subimos el repecho hasta la Ermita Templaria de la Vera Cruz, parada obligatoria para todo el que disfrute de la arquitectura, al ser una ermita singular y exclusiva.

A partir del embalse del Pontón Alto, nos encontraremos con la meseta que no abandonaremos hasta varios días después

Tras comer en el Restaurante San Marcos (todo un clásico de esta etapa) enfilamos nuestros manillares hacia Nava de la Asunción, que será el punto final de nuestra primera etapa. Aquí empezamos a ver lo que será el tipo de terreno de los dos próximos días. Llanura castellana en forma de campos de cultivo (de cereal principalmente) que debido a las lluvias de la primavera están exuberantes y verdes. Toda una delicia para la vista.

El albergue de Nava de la Asunción es un pequeño cuarto en el Polideportivo con literas y cocina, perfecto para nosotros y otro peregrino Alemán con el que conversamos y cenamos en la camaradería que surge en el Camino de Santiago. Dia 1 terminado sin contratiempos y con todo el equipo en perfecto estado. Ahora a dormir.

David Nieto

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