Bikepacking en La Alcarria

Bikepacking en La Alcarria

Bikepacking en La Alcarria

El pasado verano tuvimos nuestra primera experiencia con el Bikepacking. Fue en Mallorca, con buen tiempo y haciendo uso de hoteles. Sin duda fue una experiencia muy enriquecedora que nos sirvió para probar esta modalidad y ver cómo se comportaban las bicis con este tipo de bolsas, pero sobre todo, para que se nos metiese el gusanillo de esta forma de viajar en el cuerpo. Una vez probado, solo nos rondaba por la cabeza la idea de volver a hacernos una escapada.

Pero esta vez, queríamos darle una vuelta más de tuerca. Queríamos ser autosuficientes, llevar nuestra tienda y sacos y pasar realmente una aventura los dos solos, con nuestras bicis y en medio de la naturaleza.

Una vez probado, solo nos rondaba por la cabeza la idea de volver a hacernos una escapada.

Después de estar unos días buscando un reto, una zona que nos permitiese hacer un viaje de fin de semana, que nos hiciese bueno, que fuese bonita, … nos decidimos por La Alcarria, en Guadalajara. Esta zona se caracteriza por sus impresionantes paisajes y porque aun estando cerca de Madrid (donde vivimos), todavía puedes tener la sensación de estar solo, pasando por lugares y pueblos donde en muchas ocasiones, ni siquiera hay apenas habitantes. Mucha gente nos lo recomendó, así que parecía que finalmente habíamos encontrado el sitio perfecto para esta escapada.

Finalmente cerramos el día. Comenzaba el Otoño pero las temperaturas y las precipitaciones aún no eran muy extremas, incluso el hombre del tiempo nos garantizaba que ese fin de semana el tiempo iba a ser bueno; nada podía fallar.

El Viernes ya estaba todo preparado y nuestras bolsas Geosmina revisadas y perfectamente cargadas. Esta es una parte que me encanta del Bikepacking, la “estrategia” a seguir para conseguir llevar todo lo necesario en tu viaje. Solo puede ir lo esencial e imprescindible, los “por sis” no tienen cabida, y más si pretendes ser autosuficiente y llevar tienda, sacos y cocina.

Salimos de nuestros trabajos y en nuestra cabeza solo había nerviosismo, pero ese nerviosismo del bueno que te recorre el cuerpo y que te va adelantando que algo bueno va a pasar.

Solo puede ir lo esencial e imprescindible, los “por sis” no tienen cabida.

No habíamos salido de Madrid y de repente el cielo se cerró sobre nuestras cabezas, en cuestión de segundos todo se volvió negro y empezó a descargar agua como si no fuese a haber un mañana. El hombre del tiempo, una vez más no había acertado. En un primer momento se nos vino todo encima, incluso durante 2 minutos pensamos en darnos la vuelta, pero las ganas y la ilusión ganaron al bajón. La tienda es impermeable, y todas nuestras cosas iba a viajar secas y seguras en nuestras bolsas (en teoría). El optimismo de repente nos iba llenado de ilusión e incluso el viaje nos apetecía más aún. La aventura no iba más que ganando enteros. esto pintaba muy bien !!.

Comenzamos en un pueblo al norte de Sacedón. Allí dejamos el coche y sacamos nuestras máquinas. Seguía lloviendo sin cesar, pero nos pusimos en marcha por una carretera, hasta que comenzó a anochecer y nos salimos de ella para buscar un sitio donde poder montar la tienda y cenar algo. Rápidamente dimos con el lugar. Por hoy ya estaba bien.

Durante la noche no paró de llover, pero a la mañana siguiente escampó y amanecimos sin lluvia pero con una grata sorpresa: alguna vez habéis sufrido el barro alcarreño??. Es esa arcilla naranja que se pega sin remedio en cualquier parte de tu bici o ropa, de la que no sale a no ser que le des duro con la manguera a presión, de la que solo quitando lo que se pega al neumático, te podrías hacer un cenicero. Una pasada. Pero una vez más, supimos hacer de un imprevisto una ventaja, y nos lo pasamos como dos niños sin parar de parar por charcos y comprobar de primera mano, que estas bolsas son la bomba, ni una sola gota de humedad o barro entró en ellas. Todo llegaba seco y limpio al final de cada etapa !!.

El optimismo de repente nos iba llenado de ilusión e incluso el viaje nos apetecía más aún.

A partir de ahí entramos en el paraíso del Gravel y el Bikepacking, el Camino Natural del Tajo GR113. Un camino señalizado que viene desde Aragón siguiendo el trayecto de este río y que termina en la frontera con Portugal. Una pasada, todo señalizado e imposible de perderte y con un sin fin de posibilidades para el uso y disfrute de este tipo de bicis y de cicloturismo. A partir de ahí y hasta el final de vuestra aventura cruzamos por pueblos sin apenas vida, fuentes naturales, riberas de rio y bosques y paisajes que nos emborrachaban nuestros ojos y sentidos a cada pedalada. Una ruta que sin duda recomendamos y que emplazamos a terminar en otro momento, porque si, esto del bikepacking definitivamente corre ya por nuestras venas, y si por las tuyas aún  no lo hace, solo te puedo decir que estás tardando.

Sin duda La Alcarria nos ha enamorado y nos ha sabido a poco. Si vives por la zona centro, deberías hacerte una escapada por ella y empaparte (nunca mejor dicho) de sus gentes y de la belleza de sus paisajes. Te lo recomendamos. Nosotros ya estamos preparando la próxima de la mano de Geosmina, así que ya os contaré.

Jazmin Rojo

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